Alemania perdió algo antes de saber que podía perderse.
Recuerdos, infancia, una voz que lo llamaba por un nombre que no reconoce.
El accidente no lo rompe.
Lo despierta.
Bajo el Domo, Ícaro sigue vivo en cuerpos que aprendieron a sentir demasiado tarde... y en alguien que jamás dejó de buscarlo.
Porque hay vínculos que no se olvidan.
Solo se entierran.
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