El Último Príncipe de las Artes Oscuras
Lady Magia, caprichosa como un cometa con tacones, se asomó al hilo del destino y frunció el ceño:
"¿Así iba a terminar este niño? ¿Con una vida hecha polvo y lágrimas?"
Y entonces, sin pedir permiso, movió sus hilos como si fueran joyas en su tocador celestial.
Le cambió el mundo con un chasquido arrogante, casi diva, casi diosa, casi travesura pura.
Lo arrancó del gris y lo lanzó a un hogar donde el amor hacía eco en las paredes, donde la risa florecía como fuego y la ternura era pan de cada día. Allí aprendió a mirar al mundo sin miedo, con descaro dulce, con valentía que brillaba como constelación recién nacida.
Claro, Lady Magia no iba a dejarlo vivir sin drama -eso sería aburridísimo-, así que le puso en el camino almas suaves como bruma y otras tan cerradas que parecían puertas sin llave. Pero él, armado de humor tembloroso y chispa de tormenta, esquivó sombras, plantó cara a la necedad y halló amistades rarísimas, lealtades inesperadas y un amor que llegó bailando sin anunciarse.
Así fue: sin monstruos oscuros, sin señores tenebrosos, sin grandes tragedias... solo las travesuras de una fuerza antigua que decidió consentirlo.
Porque Lady Magia, cuando quiere, cuando se aburre, cuando se vuelve icónica,
**reinventa destinos**
y el suyo lo volvió luz, carcajada y aventura.
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