París, 1898.
La ciudad arde en luces, perfume y mentiras. Todo lo que brilla esconde algo que respira debajo, esperando ser descubierto... o temido.
Ella regresa después de años, con la intención de empezar de nuevo, aunque lo nuevo nunca es tan inocente como parece. Su elegancia es impecable, su sonrisa, un disfraz. París la recibe como a una vieja amante: con belleza, pero también con veneno.
Entre los bailes y las pinturas, siente que alguien la observa. Que la ciudad la reconoce. Y que lo que busca no es exactamente lo que la espera.
Entonces lo ve.
Una mirada que parece conocerla, un gesto demasiado tranquilo para no ser peligroso. Su presencia perturba, seduce... promete redención mientras susurra ruina.
Hay vínculos que nacen del deseo, pero crecen del miedo.
Y cuando el amor se vuelve obsesión, ya no hay forma de escapar sin sangrar un poco.
En París, algunos sentimientos se viven solo una vez.
Los demás, se pagan toda la vida.
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