El amor, en su esencia infinita, se presenta de mil maneras. Puede ser un susurro tranquilo o un grito desgarrador, un camino de rosas o un sendero cubierto de espinas. Pero el nuestro, el de Paola y Samuel, se forjó en el territorio más improbable: el del imposible.
Sin embargo, no siempre fue así. Antes de que el mundo, con sus rígidas fronteras y sus prejuicios absurdos, se interpusiera entre nosotros, existió un instante de pureza absoluta. Todo comenzó con una mirada. No fue un simple cruce de ojos casual, sino un verdadero reconocimiento, un silencioso y profundo diálogo donde dos almas se encontraron sin necesidad de palabras. En ese preciso momento, algo se quebró y a la vez se construyó dentro de mí. Esas miradas, robadas con avidez y entregadas con timidez, pronto dieron paso a confidencias, a risas que se convertían en susurros, y a susurros que revelaban los más ocultos sentimientos. Fue un territorio compartido donde solo existíamos nosotros dos, un refugio perfecto que, ingenuamente, creímos eterno.
Porque hay una verdad que Paola grabó a fuego en su corazón, una lección que Samuel le enseñó con cada gesto, con cada sacrificio callado: Siempre, el esfuerzo de alguien, es el reflejo de su interés por ti.
Seluruh Hak Cipta Dilindungi Undang-Undang