El aire en el camerino era una mezcla densa de sudor, cerveza rancia y la electricidad cruda que solo se encuentra justo antes de un concierto. Pero para Liam, el ambiente era solo un tenue telón de fondo para el verdadero torbellino que giraba a dos metros de distancia.
Ella estaba ahí, ajustándose el micrófono de diadema frente al espejo, la misma figura que había dominado cada uno de sus sueños (y sus peores pesadillas) durante los últimos tres años. Elara, la vocalista. Su ex.
Su voz... su voz era el motivo por el que la banda, Frecuencia Cero, estaba a punto de llenar el Roxy esta noche. Era potente, cruda, y guardaba una cualidad escalofriante que te hacía creer en cada palabra que cantaba, incluso cuando te estaba mintiendo. O, peor aún, incluso cuando cantaba sobre él.
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