Después de las masacres que marcaron los años 1996, 1997, 2000 y 2011, el eco del miedo vuelve a resonar en Woodsboro, el pequeño pueblo donde todo comenzó. Las cicatrices del pasado nunca sanaron del todo, y ahora una nueva generación se ve obligada a enfrentarse al mismo horror que sus padres trataron de enterrar.
Entre los jóvenes que intentan rehacer sus vidas están Sam y Tara Carpenter, dos hermanas que regresan a Woodsboro sin saber que el mal las espera. Pero no están solas. Con ellas están sus amigos, un grupo tan unido como vulnerable. Entre ellos se encuentra Raven Altieri, una chica de diecisiete años con una mirada tan firme como enigmática.
Raven siempre se había mantenido al margen de los dramas del pueblo. Su único objetivo era graduarse y conseguir una beca universitaria en arte, dejar atrás Woodsboro y el peso de un apellido que prefería no mencionar. Pero el destino tenía otros planes.
Porque Raven no es una chica cualquiera: es la hija de Mickey Altieri, uno de los asesinos de la masacre de 1997. Durante años, su madre le ocultó la verdad, tratando de protegerla del legado sangriento de su padre. Sin embargo, cuando Ghostface reaparece, los secretos del pasado empiezan a salir a la luz, y Raven se ve obligada a enfrentar la verdad que tanto temía.
A medida que los ataques comienzan, Raven intenta mantener la calma. Su inteligencia y su instinto la convierten en una pieza clave dentro del grupo, aunque no todos confían en ella una vez que su apellido se revela. Solo Chad Meeks-Martin, el atlético pero noble chico del grupo, parece verla por quien realmente es. Entre ellos surge una conexión inesperada, una chispa que crece lentamente entre el caos y el miedo.
Pero en Woodsboro, nadie está a salvo y todos pueden ser sospechosos. Cada llamada, cada sombra, cada máscara puede ser la última imagen que vean. Mientras el nuevo Ghostface deja su rastro de sangre, Raven comienza a cuestionarse si el mal realmente muere... o si
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