En el orfanato El Mirador, llega por primera vez (nombre del protagonista), un niño de nueve años que ya había pasado por tres orfanatos distintos. Todos decían que no era un chico normal: no jugaba, no hablaba con nadie y parecía vivir en su propio silencio.
El personal del lugar esperaba que, esta vez, pudiera abrirse a los demás. El orfanato era nuevo: una antigua casona, casi como un castillo, remodelada con lámparas inmensas y paredes pintadas de colores vivos. Lo curioso era que había pertenecido a un hombre anónimo que, según los rumores, la vendió porque le tenía miedo a la casa. "Puras historias", decían las cuidadoras.
Pero por las noches empezaron los ruidos. Golpes suaves al principio, después murmullos imposibles de ubicar. (Nombre del protagonista) no quería contarlo, sobre todo ahora que por fin había hecho un amigo. Sin embargo, una noche, los sonidos se volvieron tan intensos que decidió escabullirse por los pasillos para descubrir de dónde venían.
Detuvo sus pasos al encontrarse con su amigo y otros cinco chicos, todos con la oreja apoyada contra una pared llena de cuadros. Le hicieron señas para que guardara silencio. Él los imitó.
Entonces, escuchó claramente una conversación al otro lado.
Una conversación entre los cuadros.
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