-Dime una cosa, Ranma -Akane calló.
Ranma la miró como si esperara un golpe de su parte, ese típico golpe de martillo que solía caer sobre su cabeza. Pero sus ojos se abrieron, amplios, como los estanques de Jusenkyo...
-¿Qué harías si yo no pusiera límites con ellos... así como tú con ellas?
Eso era: límites.
Akane solo pedía una cosa que muchas chicas de su edad nunca se habían atrevido a pronunciar. Tal vez por miedo a un comentario hiriente. Pero Akane no tenía miedo. No temía lo que los demás pudieran decir de una "chica plana, poco femenina o de la que ningún chico se fijaría".
Ya estaba acostumbrada a esas palabras. Cerró los ojos con un suspiro y asintió, como si nada. Las prometidas la miraban. Ryoga se quedó helado...
-Somos jóvenes para pensar en un matrimonio, y menos en uno impuesto -dijo ella, con esos ojos castaños que podían ignorar cualquier duda-. No demos más vueltas al asunto. Solo seamos lo que alguna vez fuimos: simples desconocidos.
Todos quedaron impactados.
-Saotome Ranma -concluyó Akane, alzando la voz con firmeza-, anulo cualquier compromiso contigo.
Tüm hakları saklıdır