Adrien Mactlain-Roth no es solo el CEO de Rolex; es el Dueño del Tiempo de Europa. Su nombre es sinónimo de precisión, poder silencioso y una influencia que se extiende desde los salones políticos de Suiza hasta los círculos más oscuros de las finanzas globales. Él es el hombre más peligroso de Ginebra, y su vida funciona como un mecanismo perfecto... hasta que una anomalía aparece en su territorio.
Ella es Susana, una becaria brillante, ardiente, con una inteligencia que no se inclina ante nadie. En un encuentro fugaz, comete el error de contradecir al hombre que nadie se atreve a cuestionar. Adrien no se enfada. Sonríe. Y en ese instante, la vida de Susana deja de pertenecerle.
Adrien la quiere. A su manera.
En un acto de obsesión fría e implacable, la arranca de su vida y la encierra en su mansión a orillas del lago Lemán. Allí, Susana se convierte en una prisionera de oro, vigilada por hombres entrenados para no fallar, y sometida a una fascinación que roza la violencia. Él la llama "ma petite vérité.", el único error en su sistema perfecto, la pieza que no encaja... y por eso mismo no piensa devolverla.
Mientras los enemigos de Mactlain-Roth y los espías de su imperio perciben su distracción, Susana descubre una verdad más peligrosa que cualquier amenaza exterior: el poder real de Adrien no son sus miles de millones, sino el control absoluto que ejerce sobre su miedo.
Un Dark Romance de alto voltaje, donde el tiempo se detiene... y la obsesión es la única ley.
Asher pensaba que tenía una vida perfecta. Era el mejor en su equipo de hockey, tenía las mejores notas en la universidad y un grupo de amigos que parecían serle fiel.
Pero cuando conoce a Skye, la hermana de uno de sus mejores amigos cree que la chica está loca. Tiene una actitud tan dura que es difícil de romper y suele irritarlo todo el tiempo desde que se ha mudado a vivir con su hermano y él.
Y cuando los chicos del equipo le proponen que no conseguiría conquistar a alguien como Skye, lo ve como un reto que está dispuesto a jugar, una apuesta para conquistar el corazón de alguien como Skye es suficiente para que Asher acepte, pues es demasiado competitivo y no está dispuesto a perder su puesto en el equipo de hockey y pasarse el resto del año en la banca como le han apostado.
Sin embargo, a medida que conoce a Skye, Asher se da cuenta que la chica es todo lo contrario a lo que le ha tratado de demostrar, conquistarla no parece tan complicado como pensaba y el corazón de ella no parece ser el único en juego.