La Rosa de Hielo

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WpMetadataNoticeLast published Mon, Nov 17, 2025
El Reino de Veridia era conocido como la cuna de la luz, pero para la Princesa Heredera Thalía, se convirtió en la tumba de su inocencia. A sus quince años, su vida era un tapiz dorado: amada por su pueblo y su familia, y destinada a un futuro de paz junto a su prometido, el apuesto y carismático Lord Kaelan. Thalía no sabía que bajo la fachada de Kaelan y la dulce sonrisa de su mejor amiga, Lyra, se escondía una ambición fría como el acero. La traición llegó en la oscuridad de una noche sin luna. El golpe no vino del exterior, sino del corazón. Mientras las tropas de Kaelan invadían las murallas, Thalía fue testigo del horror. Sus padres, el Rey y la Reina, cayeron ante la espada de su prometido, y el castillo que era su hogar se convirtió en una hoguera de ambición. En el caos, Lyra la condujo a los acantilados del Mar Tempestuoso, su traición final grabada en un susurro gélido. -No habrá otra Reina de Veridia Con un empujón cruel, la vida de la joven Princesa se truncó. Thalía cayó al vacío, hacia las rocas oscuras y la espuma batiente. El usurpador, Kaelan, se adueñó del trono, proclamando a Thalía muerta y asegurando su reinado. Veridia, el reino de la luz, cayó bajo la sombra del hombre que había jurado proteger a su Princesa. Cuando las olas la arrojaron a una costa lejana, una figura solitaria la encontró: el Rey Zarek de Tierraverde. Tierraverde no era conocido por la diplomacia, sino por el rigor militar y la dureza de su gente. Zarek vio en la joven inconsciente, no a una princesa, sino a una herramienta de gran potencial. La niña estaba herida y, crucialmente, había perdido todos sus recuerdos. Su mente era una pizarra en blanco. Zarek la tomó. Le dio un nuevo nombre y un nuevo propósito. La entrenó en la lucha, el manejo de la espada, la agilidad y la estrategia militar hasta que fuera una guerrera sin igual. Al cumplir los dieciocho años, el Rey Zarek le reveló su verdadero plan. Serás el arma política y la par
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La luz de la tarde en Atenas se derrama oblicuamente a través del empolvado ventanal de "Los Ecos de la Memoria", tiñendo el aire denso con tonos ámbar y resaltando motas de polvo dorado que danzan en silencio. Dentro de la librería, el tiempo parece haberse detenido, atrapado entre las altas estanterías de madera oscura que se inclinan bajo el peso de incontables historias. El aroma embriagador del papel antiguo, el cuero envejecido y ese sutil polvo del tiempo satura el ambiente, susurrando secretos al menor movimiento. En el corazón de este laberinto de saber, Helios, el librero melancólico, permanece absorto en la lectura de un pergamino amarillento. Su rostro, un mapa de líneas finas grabadas por eones, enmarca unos ojos profundos cuyo brillo dorado original se ha atenuado hasta un fulgor suave y triste. Su larga barba cana ondea sobre su pecho, evocando las nubes del Olimpo de sus recuerdos. La quietud se rompe con el delicado tintineo de la campanilla cuando Clio, una joven erudita de porte vivaz y ojos inquisitivos, cruza el umbral. Su energía juvenil contrasta marcadamente con la atmósfera solemne del lugar. Sus ojos recorren con avidez las hileras de libros, deteniéndose en títulos apenas legibles y encuadernaciones desgastadas, sedienta de desenterrar los relatos olvidados del pasado. Finalmente, Clio se acerca al mostrador de madera oscura donde Helios levanta la vista lentamente. En sus ojos, ella percibe una sabiduría ancestral entrelazada con una profunda melancolía. Tras un breve intercambio, Helios guía a Clio a través de los estrechos pasillos hasta una sección apartada donde los volúmenes parecen aún más antiguos. Allí, señala un estante polvoriento donde yacen los "susurros de los titanes". Con una delicadeza sorprendente, Helios extrae un libro encuadernado en cuero oscuro y agrietado, desempolvándolo suavemente. Lo entrega a Clio, quien lo recibe con reverencia.

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