Entre penumbras que muerden los bordes de la habitación, Heeseung y Sunghoon se pierden en un juego donde la tensión pesa más que el aire. Cada mirada arrastra un deseo que ninguno admite, cada acercamiento rompe una regla que ya no recuerdan. Entre sombras y respiraciones contenidas, descubren que el poder cambia de manos con un simple susurro -y que rendirse nunca había sido tan inevitable
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