Desde la infancia, ella y su mejor amigo fueron inseparables. Crecieron juntos, compartieron juegos, secretos, rutinas y una conexión que parecía imposible de romper. Él siempre estuvo allí: distraído, bromista, con su propio mundo alrededor. Ella, en cambio, era la que observaba, la que organizaba, la que entendía el valor de lo que tenían incluso antes de ponerlo en palabras.
Pero al llegar a la secundaria, todo empezó a sentirse distinto. Él seguía siendo el mismo de siempre, moviéndose entre risas y baloncesto, sin notar los cambios. Ella, en cambio, comenzó a verlo con otros ojos. No quería aceptarlo, no quería admitirlo, porque sabía que su amistad era lo más importante que tenían. Temía romper algo que llevaba años construyéndose sin esfuerzo.
Entre miradas que evitaba, sentimientos que negaba y silencios que nunca había tenido con él, empezó a descubrir que crecer significaba enfrentar cosas para las que no siempre se está preparada. Y aun así, prefirió guardar lo que sentía, aferrándose al lazo que los había acompañado desde niños, aunque ya no fuese tan simple como antes.
Una historia sobre una chica que aprende a convivir con lo que siente, sin decirlo, sin pedirlo, sin esperar nada a cambio... solo intentando proteger la amistad más valiosa de su vida.
Reescribiendo
Unidos por un contrato, Rhea acaba casándose con Khael, un hombre tan frío como reservado, marcado por algo que nunca dice en voz alta. Ella no lo quiere cerca. Él tampoco estaba preparado para verla entrar en su vida así, de golpe, como si removiera todo lo que llevaba años guardado.