Éramos dos niños jugando a que el mundo era nuestro, sin saber que el mundo tenía planes muy distintos para nosotros. Crecimos compartiendo el mismo aire, pero el destino terminó empujándonos hacia realidades que ya no se tocan. Ahora, entre lo que fuimos y lo que somos, solo queda un espacio vacío. ¿Cómo se supone que dejas ir a la persona que te enseñó a ser tú mismo? ¿Cómo ignoras un amor que nació en la infancia y que ahora grita en el silencio? Porque a veces, lo que más duele no es el adiós... sino el eco de tu ausencia en una realidad donde ya no estás. Amistad, cambios y un amor que no entiende de distancias.
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