Julieta Contreras tiene 25 años y una vida construida a pulso lejos de su país natal, de sus amigos y familia. Chilena, enfermera, asesora en marketing digital, vive en España desde que decidió que crecer también significaba irse. Es dulce, intensa, coqueta sin proponérselo y más fuerte de lo que aparenta. Cree en el amor, pero no en las promesas fáciles. Roman Keller siempre fue una presencia constante y distante. Suizo, chef, 20 años mayor que ella, correcto hasta el límite de la frialdad. Se conocieron cuando Julieta aún era estudiante, a través de conversaciones nocturnas, confesiones escritas y una intimidad que nunca cruzó fronteras. Se desearon en silencio, se soltaron con madurez y eligieron ser solo amigos, convencidos de que lo correcto era dejarse ir. Tres años después, cuando ambos han aprendido a vivir sin lo que nunca tuvieron, Julieta toma una decisión impulsiva: viajar a Suiza para verlo. No como una fantasía del pasado, sino como la mujer que ahora es. Con la ayuda inesperada del hermano de Roman, aterriza en un país frío que no está preparado para el incendio que trae consigo. El reencuentro no es fácil. Hay miradas que pesan, silencios cargados, límites que se tensan. Roman ya no es solo el hombre seguro detrás de una pantalla: es real, intenso, posesivo en lo que calla. Julieta ya no es la joven que coqueteaba desde la distancia: sabe lo que quiere y no pide permiso para sentir. Entre cenas, noches largas, conversaciones honestas y una atracción que nunca murió, ambos deberán enfrentarse a lo que más temen: aceptar que hay conexiones que no se apagan con el tiempo ni con la razón. Que el deseo puede ser profundo, peligroso y deliciosamente inevitable. Porque algunas historias no empiezan cuando dos personas se conocen, sino cuando deciden dejar de huir de lo que siempre fueron el uno para el otro.
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