Julieta suspiraba en silencio, contemplando el rostro de Yoongi. Su Yoongi. Al menos, en sus sueños más preciados. Desde la infancia, sus corazones habían latido al unísono, compartiendo secretos y risas que resonaban en las calles Pero el destino, caprichoso y cruel, había tejido una trama donde el amor de Julieta era un eco solitario en el corazón de Yoongi.
Sus ojos, profundos como la noche, solo parecían iluminarse al posarse en Marie Maslow, la vecina de cabellos dorados y sonrisa encantadora. Marie, con su aura de misterio y sofisticación, había capturado la atención de Yoongi como una melodía irresistible. Julieta observaba, con el corazón hecho añicos, cómo Yoongi se esforzaba por ganarse una mirada, una sonrisa, un instante de la atención de Marie.
Y así, Julieta se convirtió en la heroína silenciosa de esta historia agridulce. La confidente, la amiga incondicional, la que secaba las lágrimas de Yoongi cuando Marie lo rechazaba con una frialdad elegante. Julieta, dispuesta a sacrificar su propio amor con tal de ver a Yoongi feliz, aunque su felicidad estuviera en manos de otra. En cada gesto de apoyo, en cada palabra de aliento, Julieta ocultaba un amor profundo y verdadero, un amor que la consumía por dentro pero que jamás se atrevería a confesar.
Porque en el mundo de Julieta, el amor era un acto de valentía silenciosa, un sacrificio constante por el bienestar de la persona amada. Y aunque su corazón gritara por Yoongi, ella seguiría siendo su heroína, su ángel guardián, incluso si eso significaba verlo en brazos de otra.
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