
Un canto bajo pronunciado por muros antiguos. Un instituto erigido sobre restos consagrados guarda fragmentos de un saber que no fue olvidado, sino sellado. Cuando el invierno desciende y el tiempo parece estancarse, ciertas presencias despiertan, llamadas por manos que aún no saben lo que invocan. Un cuaderno oculto, símbolos trazados con fervor y una biblioteca que respira como un santuario marcan el inicio del rito. No todos los que cruzan sus puertas participan. Algunos solo observan. Otros son marcados. Y unos pocos son reconocidos por la oscuridad como parte de sí. Porque hay conocimientos que no se leen: se tocan, se obedecen, se encarnan. Y una vez iniciado el ritual, no existe regreso sin ofrenda.All Rights Reserved
1 parte