Recostado frente a la ventana, el narrador se confronta con la indolencia del mundo y el dolor invisible de quienes viven en descuido. Pero el verdadero estruendo reside en su interior: una crisis profunda marcada por la culpa, los sueños rotos y la pesada certeza de lo que no fue, sin embargo aunque el camino para ser seguido no siempre es claro y dudar, obnubilar, detenerse, es aquello que es mas simple, con el correcto actuar, decisión e impulso, lo mágico suele suceder, y eso puede ser, un promotor de sueños, un oyente activo, un entendedor de anhelos.
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