En plena Nochebuena, Clara regresa a la vieja casa familiar de las Hiedras, un caserón aislado que su abuela le ha legado y donde los inviernos siempre han tenido algo de sobrenatural. Sin campanas este año -la torre del pueblo se ha agrietado-, las tradiciones antiguas vuelven a despertar: alguien debe cantar la nana que mantiene a raya al "Niño de hielo", una presencia que ronda las ventanas cuando la medianoche cae en silencio.
Al principio escéptica, Clara coloca un cuenco de leche y anís en el alféizar, como hacían sus antepasadas, y entona la melodía que encuentra en un cuaderno antiguo. Pero la casa escucha. La noche escucha. Y una segunda voz, fina como un soplo, comienza a imitarla desde detrás del cristal.
A medida que avanza la Navidad, Clara descubre que no se trata de un mito: hay un niño hecho de invierno que busca calor, voz y memoria. La nana es frontera. El canto, un pacto. Y lo que vigila la casa de las Hiedras no siempre acepta que lo ignoren.
Entre rituales olvidados, ecos que no son eco y visiones en los espejos, Clara deberá decidir si continúa la herencia familiar... o si deja que el invierno entre de una vez por todas.
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