En estos textos, detallo los traumas familiares, las escenas incómodas de cada miembro de mi familia, los rencores, el dolor silenciado, condenado a enterrarse debido a una generación que no cree en la terapia, en el cambio, con ayuda profesional.
Que disfraza el bullying con «bromas familiares», que se calla los abusos y ve la depresión como una tontería derivada de "la flojera", y como dichos temas han repercutido en los sentimientos de sus hijos.
De nosotros, que debemos sanar lo suyo y lo nuestro, como si nuestros problemas no fueran suficientes, también debemos lidiar con los traumas no trabajados de nuestros padres, nuestros familiares.
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