Cuando nacemos, se supone que el primer refugio, el amor más incondicional, llega de nuestra madre. Pero ¿qué pasa cuando esa figura esencial nos deja a la intemperie? ¿Cuando el primer hogar es, en realidad, un abandono?
Mi vida se convirtió en una constante. Si la primera persona que debió amarme me dejó, ¿por qué alguien más querría quedarse?
Esa duda se transformó en miedo: miedo a las relaciones, miedo a la entrega, y la profunda convicción de que no merezco sentirme amado, ni amar.
Por necesidad, me vi obligada a cerrarme. A erigir esos muros invisibles de carne que me protegen del mundo, pero que también me castigan con el silencio. Me encerré en mí misma para no tener que enfrentar la posibilidad de otra pérdida.
Este libro de prosa poética es la llave que abre esa puerta. Es el testimonio de cómo se reconstruye una vida desde la ruina emocional, y un recordatorio de que, incluso en el encierro, la resiliencia siempre encuentra una grieta para florecer.