Cada amanecer trae nuevas oportunidades.
Ariana lo comprendió en el instante en que salió de la cápsula donde sus padres la habían enviado y despertó en aquella granja desconocida, con el sol apenas asomándose entre las montañas.
Quizás fue casualidad, o tal vez destino, el haber llegado justo al mismo lugar donde su primo Kal había aparecido años atrás. Al principio fue desconcertante ver cómo aquel primo que siempre fue menor que ella ahora la superaba en edad, pero Ariana supo adaptarse.
Adaptarse a no tener a su familia.
Adaptarse a vivir en un nuevo planeta.
Adaptarse, simplemente, a todo.
Sin embargo, esa experiencia también era una oportunidad; una que jamás habría conocido en Krypton. Y por eso, aunque le doliera, siguió avanzando día tras día.
Dejó de ser Arlys-El para convertirse en Ariana Clerk.
Dejó de ser la prima mayor para transformarse en la hermana menor.
Y comenzó a seguir los pasos de Kal, a servir y proteger a la Tierra: aquel planeta que la recibió con los brazos abiertos y que ahora sería su hogar... y su responsabilidad.
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