Hawkins, Indiana
1984
Felicite Miller tenía dieciocho años cuando llegó a Hawkins y supo, de inmediato, que el pueblo estaba mal.
No era la casa vieja ni las calles vacías, era esa sensación persistente de estar siendo observada. Como si algo, enterrado muy profundo, hubiera notado su presencia. A su lado, su hermano menor, Theo, miraba todo con curiosidad, ajeno al peso que se le había instalado a ella en el pecho.
Esa noche, mientras Hawkins dormía, las luces parpadearon y la radio de Theo soltó un estallido de estática. Felicite se incorporó en la cama, alerta.
Desde el bosque llegó un ruido sordo. Algo que no pertenecía a este mundo.
Felicite no sabía qué era...
pero estaba segura de una cosa:
Hawkins no los había recibido.
Los había llamado.
All Rights Reserved