Brenda Solano regresa a Molbo, el pueblo perdido en la montaña donde pasó los veranos de su infancia, buscando silencio y olvido.
Lo que encuentra es una casa llena de cuervos.
Seis hermanos pelirrojos, hermosos y rotos, que la reconocen antes de que ella los reconozca a ellos.
Un árbol seco en medio del bosque que solo reverdece cuando alguien sangra por él.
Y una frase que empezó a escribir con sangre cuando tenía once años y que ahora tiene que terminar... aunque le cueste la cordura, el cuerpo y todo lo que creía ser.
No hay héroes aquí.
No hay salvación.
Solo la pregunta que nadie quiere responderse:
¿qué haces cuando descubres que tu verdadero hogar es el lugar que más te destroza...
y que, aun así, no quieres marcharte?
Una novela sobre pertenencia tóxica, identidad podrida y la extraña paz que a veces se encuentra al dejar de huir.
Advertencia: este libro no te dará esperanza.
Te dará verdad.
Y la verdad, en Molbo, siempre sabe a sangre.
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