-¿Real o imaginario? La voz de la doctora era suave. Demasiado suave. Como si le hablara a alguien que no estuviera despierto del todo. No respondí al principio. Me quedé mirando mis manos, la línea temblorosa de mis dedos contra el borde metálico de la silla. No sabía si me temblaban por dentro o solo era el recuerdo de que lo hacían. La pregunta volvió a repetirse, más baja. -Amane. ¿Real... o imaginario? Parpadeé una vez. Sentí un eco detrás de los ojos. Como un golpe hueco. Como una broma interna que no entendía. -Imaginario -dije al fin. Sin emoción. Sin duda tampoco.
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