La ciudad estaba dominada por pandillas, traiciones y alianzas que podían romperse con una sola mirada.
Mi familia no era la excepción.
Éramos otra pieza peligrosa en el tablero.
Cuando Bonten pidió una reunión, tuve que asistir... pero sin mostrar mi identidad.
Mayor de edad o no, ya estaba metida hasta el cuello en este mundo.
Vestido blanco.
Velo que tapaba mi rostro.
Un abanico negro con dos rosas.
Y una daga escondida en mi muslo, por si algo salía mal.
En esa reunión, entre tantas miradas tensas, hubo una que no se despegó de mí: Ran Haitani.
Después de ese día, nuestra familia formó lazos con Bonten, y mi "don" para manipular, leer personas y mover hilos desde las sombras empezó a ser útil para ellos.
Cuanto más trabajábamos juntos, más notaba su curiosidad.
Ran no sabía quién era yo.
No sabía qué escondía detrás del velo.
Ni por qué podía ser tan callada... y tan letal cuando debía.
Pero en este mundo, ser observado por alguien como él nunca es solo curiosidad.
Es una advertencia.
Y tal vez... el inicio del caos.
All Rights Reserved