Cuarta parte de una historia rodeada de miseria, dolor, heridas y gente rota, pero también redención, amor, esperanza y mejora continua. Los dioses y los demonios son reales, tanto que necesitan forzar a la humanidad a creer en ellos para sobrevivir, pero un mortal de entre todos, tiene el poder para plantearles cara a los dioses, aún sabiendo que puede perder en cualquier momento, pero no permitirá que su familia viva lo que otros -él incluido- tuvieron que sufrir
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