El creía que era una excelente idea.
No, él no lo creía.
Era una excelente idea.
Las cosas se tornaban cada vez más oscuras; primero la muerte de Chrissy, después la muerte de Jason. Hawkins había dejado de ser un simple pueblo escondido en medio del mapa, ahora era un infierno con grietas en medio de la calle, un latente recordatorio de lo que les esperaba a todos los que decidieron pisar y asentarse en una tierra maldita.
Y nadie hacía nada.
¿De qué servían las malditas especulaciones si nadie se atrevía a mover un dedo? Todos observaban, todos hablaban, pero nadie reaccionaba. Chance deseaba que algún día la muerte llegara a sus puertas y arrasara con todo lo que amaban, así como lo hizo con él; no solo fue Jason, su amigo, sino también su madre, a quien atribuyeron su lamentable destino a un accidente.
Chance sabía que no era así. Las malditas grietas en la calle no fueron motivo de un simple terremoto de alta magnitud. Su madre no estaba en coma debido a un desastre natural: había algo más detrás de todo.
Jason estuvo a punto de descubrirlo, pero las cosas no terminaron bien. Pero ahora estaba él. Chance se encargaría de revelar todo aquello que se escondía entre las sombras. Él no especularía: él daría con el origen de toda la desgracia.
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