Desde la adolescencia, ella aprende a arder sin hacer ruido: primero por sobrevivencia, después por costumbre. En ese tiempo incierto aparece él -lentes, barba, una presencia que la descoloca- y se convierte en una figura que marca un antes y un después, más por lo que despierta en su memoria que por lo que sucede entre ellos.
Años después, ya convertida en mujer, vuelve a cruzarse con él. Y ese reencuentro reabre heridas, preguntas y viejos incendios que nunca terminó de apagar. Lo que sigue no es romance ni redención, sino el intento de comprender por qué ciertos vínculos nos persiguen a lo largo de la vida.
Manual para arder en silencio explora la evolución de una misma alma partida en dos tiempos: la adolescente que buscaba una salida y la mujer que descubre que algunas brasas -las más profundas- nunca se apagan del todo.
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