Dicen que el mundo está dividido en dos, pero no como lo cuentan los libros.
No es "vivos" y "muertos".
Es ruido y silencio.
Mucho antes de que existieran escuelas, ciudades o nombres, hubo algo que aprendió a arrastrarse entre los dos lados. No era un espíritu ni una cosa viva; era una presión, un residuo de todo lo que la gente callaba cuando moría. Los gritos que nadie escuchó, los arrepentimientos que no encontraron dueño, los pensamientos que nunca fueron dichos.
Con los siglos, esa presión se volvió tan grande que empezó a filtrarse, arañando el mundo de los vivos hasta dejar marcas: alucinaciones, voces entre paredes, sombras que aprendieron el gusto de la sangre. Entonces los antiguos tejieron un límite.
Un límite llamado El Velo.
El Velo no separa a los muertos.
Separa lo que queda de ellos.
Lo mantiene todo contenido: los ecos, las quejas, las memorias rotas que ya no saben a quién pertenecieron. Ese mundo no tiene reglas humanas. No entiende el tiempo. No comprende la compasión.
Pero el Velo no es perfecto.
Es delgado en lugares donde la gente muere con miedo, donde la culpa se acumula, donde un alma es arrancada demasiado pronto. Y, sobre todo, es frágil cuando una mente humana toca ese lado con demasiada fuerza.
Durante siglos, el Velo se mantuvo estable. Inmutable.
Hasta que una chica que jamás debió escuchar nada,
una chica que vivía escondida, invisible,
rompió un fragmento.
No fue una profecía.
No fue un sacrificio.
Fue un grito.
Uno tan desesperado que dejó una grieta.
Los que vigilan el Velo sintieron la ruptura.
Saben que alguien lo tocó.
Saben que alguien abrió algo que debía permanecer dormido.
Y aunque Cora Hale lleva toda la vida escondiéndose,
toda la vida evitando ser vista,
toda la vida jurando que no quiere nada ni a nadie...
Esta vez, Cora cambió algo que jamás debía moverse.
Y ahora, algo -y alguien- viene por ella.
¿ Quién mató a Isla Fenn? ¿ Quién es Cora Hale?
Algunas preguntas, a v
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