Naruto Uzumaki siempre creyó que su destino sería ruidoso, brillante y heroico. Pero todo cambió la noche en que soñó con algo que no provenía del sueño.
Desde entonces, la luz del amanecer lo hiere. Las sombras parecen respirar. El mundo entero se siente como un teatro mal ensamblado, donde cada esquina oculta ojos que no parpadean. En su interior, incluso Kurama -un demonio de chakra milenario- tiembla ante aquello que ha tocado el alma del niño: un concepto vivo, un eco de algo más antiguo que los bijū y que los propios dioses del mundo shinobi.
Sellado sin querer por el Sol Negro, Naruto comienza a percibir fisuras en la realidad: símbolos que se forman en el humo, árboles que abren párpados humanos, criaturas que existen entre pensamientos. Sus recuerdos alimentan a aquello que duerme dentro de él... y lo que duerme, empieza a despertar.
Durante una simple misión de rango C, Naruto y su equipo ingresan a un bosque que respira, que observa, que murmura su nombre. Allí descubre que lo que lo marcó no es chakra, ni espíritu, ni maldición.
Es el Pozo Primordial: una entidad sin forma ni límites, un abismo viviente que recuerda todos los futuros posibles... y que ha decidido que Naruto es su hogar.
A partir de ese roce, Naruto comienza a ver una estrella negra en pleno mediodía; escucha voces que no deberían existir; siente cómo su identidad, su alma y hasta su humanidad se erosionan lentamente.
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