Ser la mano derecha de Vincent Beaumon exige algo simple: no sentir. Elizabeth Ortega lo ha cumplido a la perfección... hasta que la hija de su jefe irrumpe en su vida como un destello que no pidió y que no sabe cómo apagar. Céleste no pertenece al mundo que la rodea, y quizá por eso Elizabeth se siente atraída de forma tan peligrosa hacia ella. Entre puertas cerradas, miradas furtivas y un silencio que grita demasiado, ambas construyen un vínculo que podría costarles todo. Y mientras Mark observa desde las sombras, dispuesto a desenmascarar aquello que no puede tener, Elizabeth aprenderá que el amor -o lo que sea que acaba de encontrar- puede colocarla en el filo más afilado de todos: el que te obliga a proteger algo que tal vez no estabas destinada a conservar.
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