No se suponía que se miraran así.
Mucho menos que se eligieran.
Genma Shiranui y Miyako Tsukihara no son un error: son una colisión.
Dos voluntades que chocan una y otra vez, incapaces de ceder, aferradas al orgullo como si soltarlo fuera desaparecer. Aprendieron demasiado tarde que no todos los enemigos vienen para destruirte. Algunos llegan para quedarse bajo la piel.
Entre ellos hay rencor.
Pero también algo más peligroso.
Donde hay rencor, nace el deseo.
Donde hay guerra, aparece el refugio.
Sus cuerpos hablan de guerra.
Sus ojos, de un amor que nunca pidió permiso.