El mercado hervía de vida: gritos de vendedores, telas ondeando, especias en el aire. Entre ese caos se deslizaba una figura ágil, con una sonrisa descarada y los ojos atentos a todo.
Joo Jaekyung.
Muy lejos del ruido del mercado, dentro de los muros del palacio, el silencio era casi sofocante.
Kim Dan estaba sentado al borde de una fuente, con las manos hundidas en el espeso pelaje de su tigre. El animal ronroneaba bajo sus caricias, fiel y tranquilo.
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