Me llamo Samantha, aunque casi nadie me llama así. Prefiero Sam.
Hasta hace poco tenía una vida bastante normal: un trabajo que no me apasionaba, un piso compartido con un gato con demasiada personalidad y un novio con el que pensaba casarme. Spoiler: no salió bien. Resulta que el amor eterno dura lo que tardas en abrir la puerta de casa antes de tiempo.
Así que hago lo único que se me ocurre cuando todo se rompe: huyo. Me voy de la ciudad en la que he vivido siempre y acabo en el pueblo de mi madre, en la vieja casa de mi abuela, con muchos recuerdos y más silencio del que estoy acostumbrada. Allí empiezo de cero: ejerciendo por fin como veterinaria, recorriendo granjas, curando animales enormes y redescubriéndome a mí misma entre barro, botas de agua y madrugones imposibles.
Y entonces aparece él.
Un granjero con vacas, cultivos, manos grandes, pocas palabras y una sonrisa que no debería afectarme tanto. Yo no he venido aquí a enamorarme. He venido a recomponerme. Pero el amor, como las vacas, no siempre entiende de planes.
Esta es la historia de cómo perdí una boda, gané un pueblo, aprendí a quererme de nuevo... y quizá, solo quizá, volví a creer en el amor.
Este fanfic tratará de como 2 personas totalmente diferentes pueden llegar a sentir cosas que ni ellos sabian que podian sentir por ello lucharan por olvidar los... Rastros del pasado