Mis viejos murieron en un accidente de avión.
No hubo cierre, no hubo fe, no hubo nada.
Un día estaban y al otro ya no.
Con mi hermano nos fuimos de Kanto al mes.
No porque quisiéramos, sino porque quedarse era peor.
Allá yo tocaba metal. Sonaba fuerte. Sonaba mal.
Me decían "el nuevo Iorio". Me daba lo mismo.
Kalos es otra cosa.
Acá el rock no molesta a nadie.
Todo es limpio, correcto, inofensivo.
Bandas con nombres largos, letras que no dicen nada.
Una noche puse un cassette. Hermética - "Víctimas del Vaciamiento".
No me salvó.
Pero fue lo único que sonó parecido a lo que tenía en la cabeza.
Desde entonces aprendí algo:
el silencio también mata,
solo que lo hace más despacio.
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