El país de Shujama había sido llamado alguna vez la tierra del sol constante. Ahora, el cielo estaba cubierto de humo y ceniza, y el sol apenas se atrevía a mirar lo que los humanos habían hecho.
La guerra llevaba once años.
En el corazón de la capital destruida caminaban Dazai y Chuuya, dos soldados que no deberían seguir vivos... ni juntos.
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