Laurent llega a Milán con el corazón en ecos, maletas abiertas como heridas.
La ciudad la envuelve en luz dorada y fría,
calles que susurran lluvia y deseo olvidado.
Una noche, un hombre -Enzo- la mira, la toca, la reconoce en la oscuridad.
Piel contra piel, lenta, urgente, besos que duelen y curan, cuerpos que se buscan como si siempre hubieran sido uno.
Al amanecer, ella huye.
Pero Milán guarda secretos.
Él regresa, inevitable, con manos que prometen abrigo, con miradas que la deshacen.
Ella, que juró no necesitar, siente el vacío llamarla... y la tentación de dejarse abrazar, hasta que el dolor se disuelva en sus brazos.
Deseo que arde suave, heridas besadas en silencio, un amor íntimo, asfixiante, eterno.
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