Este libro es el relato en primera persona de una mujer atravesada por la violencia sexual, la adicción al juego, el endeudamiento compulsivo y una internación psiquiátrica que funciona, a la vez, como caída y como reconstrucción. Sin filtros ni eufemismos, la autora narra el abuso que marcó un quiebre irreversible en su vida, el silencio posterior, las decisiones desesperadas, la pérdida del control y la progresiva disolución de su identidad. La internación aparece entonces no como castigo ni redención, sino como un territorio ambiguo: un espacio de encierro donde conviven el dolor, la medicación, las crisis, pero también los vínculos inesperados, la risa compartida y el lento reaprendizaje de habitar un cuerpo y un mundo que ya no se sienten seguros. El texto avanza entre escenas de extrema crudeza y momentos de humanidad profunda, retratando con sensibilidad la vida cotidiana dentro de una clínica psiquiátrica, los lazos que se crean entre pacientes, y el trabajo terapéutico necesario para volver a confiar, especialmente en los otros y en uno mismo. Lejos de presentarse como una historia de superación, este libro es un testimonio honesto sobre la fragilidad, la contradicción y la complejidad de seguir viva después del trauma. Un relato íntimo que interpela, incomoda y da voz a experiencias que suelen permanecer silenciadas.
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