He decidido escribir éste libro de reflexiones espirituales y catequéticas profundas como un acto de gratitud y reparación. Gratitud, porque en la Iglesia Católica encontré refugio cuando mi mente y mi corazón estuvieron heridos por la confusión, el engaño y la pérdida de sentido; reparación, porque fue en su doctrina viva donde volví a encontrar orden, verdad y paz. Estas páginas nacen del deseo de pensar y sentir con la Iglesia, de dejarme formar por su sabiduría milenaria y de dar testimonio de que la fe no oscurece la razón, sino que la sana y la ilumina. Escribo porque la Iglesia no me expulsó en mi fragilidad, sino que me acogió como madre, y porque en ella redescubrí que la verdad no es una idea, sino una Persona viva: Jesucristo, la Verdad encarnada que sigue salvando, sosteniendo y dando sentido a toda vida que se deja encontrar por Él.
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