Cuando todo parecía ir bien, era ella misma quien encontraba la forma de arruinarlo. Como si existiera un mecanismo interno, silencioso y persistente, dedicado exclusivamente a sabotear cualquier atisbo de calma. A veces se preguntaba si, en el fondo, creía merecer la felicidad. O si simplemente se había acostumbrado tanto a sobrevivir que la idea de estar bien le resultaba ajena.
Sus ojos comenzaron a arder.
El calor incómodo detrás de los párpados la tomó por sorpresa. Parpadeó, confundida, preguntándose cuándo había aparecido esa presión en la garganta, esa urgencia súbita por respirar hondo.
-¿Y qué creés que tenías? -preguntó, en voz baja.
-Tu presencia -respondió-. Aunque no supieras por qué estaba ahí. Aunque yo no me atreviera a explicarlo. Aunque fuera incompleta.
Humana. Cansada. Saturada de pensar.
Lo besó.
Becky una actriz que anhela un amor de película y Freen una ilustradora autista que prefiere la lógica a las emociones, se ven unidas por un matrimonio de conveniencia que se transforma en un lento y profundo viaje de entendimiento, donde el amor se encuentra en los silencios compartidos y en las líneas de un dibujo.