Si Solo quedáramos tú y yo
A las 17:42, el avión tembló.
A las 17:45, el primer grito se alzó sobre el murmullo.
A las 17:48, el ala izquierda se incendió en el cielo, y la cabina se llenó de humo.
El mundo dejó de tener sentido.
Y cuando despertaron, horas -o tal vez días- después, lo único que quedaba era el mar, la selva, y un grupo de desconocidos rodeados por lo inexplicable.
Marina tenía un corte en la frente, las manos llenas de barro, y una sed insoportable.
Rebeca se sacaba los restos de sal del pelo, temblando, buscando desesperada su celular como si fuera una brújula.
No sabían aún que estarían obligadas a sobrevivir juntas.
Y mucho menos... a sentir.