Siempre late. Lo hace, es como una parte autóctona de lo que crees saber o dominar. Cómo cuando la felicidad te abunda tanto que te duele el pecho de la emoción. Los poros se te erizan, la sensación fría o a veces cálida te atraviesa de pie a cabeza, tus sentidos de repente se dilatan. Es algo incontrolable. Y como toda palabra, siempre hay un antónimo orgulloso amenazando con la probabilidad de que suceda. Porque el corazón también late segundos después de romperse. Y golpea y golpea y golpea. Te avisa, te transmite. Y cuando el mensaje llega, a veces ya es tarde. Y el próximo sentimiento puede ser inminente. _______________________________________ • Poemario. • Todos los derechos son reservados. • Queda prohibido el plagio de este ejemplar.
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