La venganza de la mano vacía : Una Novela de Karate Shotokan
El humo aún danzaba como espectros grises sobre las cenizas humeantes de lo que una vez fue el Dojo Hatake. Takeshi, con la mandíbula apretada hasta dolerle, contemplaba la devastación. El olor acre de la madera quemada se mezclaba con un hedor metálico, el recuerdo palpable de la violencia que había profanado el santuario de su familia.
Su abuelo, Hiroi Hatake, una leyenda viva del Shotokan, yacía sentado sobre un tronco chamuscado, la mirada perdida en la nada. Su rostro, normalmente marcado por la sabiduría y una serenidad inquebrantable, ahora reflejaba una profunda herida, más allá de las quemaduras superficiales en sus manos.
transmitidas de generación en generación en el linaje Hatake. No era solo un pergamino; era el alma del Dojo, la esencia de su karate.
La escena del ataque se grabó a fuego en su memoria. La noche anterior, el silencio del barrio había sido roto por el rugido de motocicletas y gritos guturales. Un grupo de hombres corpulentos, con tatuajes intrincados serpenteando bajo sus ropas y la mirada fría y despiadada, habían irrumpido en el Dojo. Eran yakuzas, lo supo al instante por la crueldad en sus ojos y los símbolos que adornaban sus pieles.
Habían atacado a Takeshi y a los alumnos más jóvenes, mientras otros intentaban reducir a Hiroi pero los castigaba con brutalidad Buscaban algo, lo exigían con voces ásperas y amenazas. Hiroshi se había negado, firme como" un roble centenario". Entonces, la furia de los yakuzas se había desatado. Habían registrado el Dojo de arriba abajo, destrozando trofeos, rompiendo estanterías de madera y finalmente, encontrando el escondite secreto del Densho.
Antes de marcharse, dejando tras de sí un rastro de caos y dolor.
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