Hay personas que se cruzan durante años sin verse realmente.
Y hay cruces que el cuerpo recuerda antes de que la mente entienda.
La escena que borramos es una historia de romance lento y contenido, donde nada ocurre de forma explícita, pero todo se siente. Ella percibe, insiste, se frustra. Él contiene, calla, se protege. Entre veredas, repeticiones y espacios compartidos, construyen una cercanía que nunca termina de tomar forma.
No hay promesas.
No hay declaraciones.
Hay silencios, repeticiones y un deseo que no se concreta.
Porque a veces amar no es quedarse.
Es saber cuándo dejar de insistir.
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