Se conocieron cuando solo eran niños, cuando veían el mundo de una forma distinta, de una forma más pura.
Antes de que Martín aprendiera a esconderse.
Antes de que el mundo le pidiera ser alguien más.
Antes de que lo miraran como algo que no se puede tocar, algo inalcanzable.
Años después, ella termina en Corea, trabajando en una librería, intentando terminar la preparatoria en un país que no se siente como el suyo.
Aprendió a pasar desapercibida, a no hacer demasiado ruido.
Él acaba de debutar.
Todos lo conocen.
Ella también... pero de una forma que no puede decir en voz alta.
De una forma más íntima. Más antigua.
Ella nunca presume haberlo conocido antes.
Él nunca se pregunta por qué su silencio le resulta tan familiar.
El amor no nace de un día para el otro.
Tampoco desaparece.
A veces solo crece en silencio, esperando no ser nombrado.
Hay amores que no se olvidan.
Solo aprenden a quedarse callados.
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