Ánn no se lleva bien con Alan. Puede ser porque él la molestaba en primaria. Puede ser porque es el mejor amigo de su hermano. Puede ser porque invadió su escuela, su clase y su casa sin previo permiso. Sin embargo, el destino tiene un sentido del humor retorcido y un bebedero escolar defectuoso. Lo que empieza como un favor por compromiso termina en una confesión inesperada. Con la sudadera de Alan puesta y una tregua sobre la mesa, Ánn descubre que la distancia no es tan difícil de romper, especialmente cuando el chico que te hacía la vida imposible en realidad lo hacía porque le gustabas. Pero él ya no es el chico inmaduro que era antes. Las cosas han cambiado y Ánn tiene que aceptarlo. Pero... ¿Qué hacer cuando el corazón traiciona y el mejor amigo de tu hermano comienza a moverte el piso como si fuera un temblor de alto grado? ¿Y qué hacer cuando un inesperado evento amenaza con sacudir la estabilidad de ambos?
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