Entre Ale y Juliana nunca hubo un "antes" ni un "después". Solo un incendio que nadie quiso nombrar. Cantaron juntos, soñaron juntos, se desgarraron en el mismo escenario... y aun cuando intentaron apagar, la chispa quedó escondida bajo la piel, esperando el momento exacto para volver a encenderse. Porque lo suyo no fue amor, ni amistad, ni destino. Fue algo más violento: una llama que siguió ardiendo incluso cuando todo parecía ceniza. Una llama que, tarde o temprano, volvería a reclamar lo que alguna vez fue suyo.
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