Will Byers intenta reconstruir su vida en Hawkins después de todo lo que vivió... pero algo nuevo empieza a seguirlo. No es un monstruo, ni una sombra del Upside Down. Es un chico. Zack es el tipo de persona de la que Joyce y Jonathan mantendrían a Will lo más lejos posible: silencioso, peligroso, ojos que no parpadean, el aura inquietante de un secreto que nadie quiere descubrir. Y aun así, él lo observa. Siempre desde lejos. Siempre en silencio. Will no lo conoce. Zack lo conoce demasiado. Mientras Hawkins vuelve a su rutina, Will empieza a sentir la presencia de alguien que no debería estar ahí... alguien que lo vigila, lo sigue, lo protege. Y cuanto más intenta ignorarlo, más imposible se vuelve. Porque Zack no quiere hablar con él. No quiere acercarse. No quiere ser visto. Solo quiere una cosa: Mantener a Will a salvo... aunque Will nunca le pida nada. Aunque nadie entienda su obsesión. Aunque se vuelva peligroso. Y Will tendrá que decidir si huir... o aceptar que hay miradas imposibles de escapar.
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