Hace tiempo que dejo de hacerse ilusiones con cosas tontas.
Aprendió que para sobrevivir era necesario ser amable, delicado, servicial. Aprendió a sonreír con ojos vacíos y fingirse interesado en cosas ajenas.
Su jaula de oro ya no le parece tan mala.
Por supuesto, había días en los que quería abrir su balcón y tirarse antes que tener que enfrentar otro hombre poderoso de rodillas. Y había días en cambio, en los que se sentía casi cálido, cuando alguno de ellos le llevaba un presente o le decía lo bonito que era.
Llevaba prácticamente toda su vida en "Belle", aunque sus condiciones evolucionaron considerablemente desde que llegó allí. Primero, solo era un simple huérfano que dejaban dormir en una esquina mugrienta en la cocina después de cumplir todas las órdenes que un niño era capaz de acatar.
Una vez que empezó a crecer, su cara bonita y cuerpo delgado le consiguieron una promoción. Se unió al equipo que atendía la sala de espera, vestido impecablemente con un traje, mientras ofrecía vino y entretenía con charla casual a los clientes. Los hombres se interesaban tanto en él que en cuanto cumplió la mayoría de edad, fue ascendido de nuevo.
Su nombre se unió a la lista de flores que encabezaban el menú en el burdel.
Porchay se convirtió entonces en un Clavel Blanco.
La flor más cara, la más deseada. Un dulce y encantador momento de pecado.
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