Recién me mudé al edificio y no conozco absolutamente nada acerca del chico que vive en el piso de abajo. Todos le llaman Equis, pero su verdadero nombre es un misterio. Nadie establece una relación con él; su vida es un enigma, y se desconoce si tiene empleo o si aún asiste al colegio. Lo más inquietante es su extraña desaparición por las noches. A pesar de la curiosidad que genera, hay una regla tácita entre los vecinos: no se le debe dirigir la palabra, ni mirar de reojo si quiera. Su aspecto, cubierto de tatuajes y con un rostro adornado por piercings, solo alimenta los rumores. ¿Es un drogadicto? ¿Un traficante de órganos? ¿O tal vez tiene un bar de striptease? Nadie lo sabe. -Aléjate de Equis -advierten. Pero, ¿y si decido ignorar la advertencia? ¿Qué podría salir mal? La tentación de descubrir la verdad detrás de su silencio se vuelve irresistible, y pronto me doy cuenta de que algunas sombras, es mejor sacarlas de la oscuridad.
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